Comadres, sombras y macarrones

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Acompañar la maternidad es pasear de la mano de la mujer embarazada, de la mujer de parto, de la nueva madre. Ni por delante, ni por detrás. A su lado, compartiendo momentos durante el embarazo y a su disposición día y noche, sin restricciones. A su lado, velando el parto, desde el lugar que cada madre le reserve a la comadre, modulando esa presencia a partir de los deseos y necesidades de la madre, sin escuchar otra voz que no sea la de Ella. A su lado, sosteniendo el puerperio con sus luces y sus sombras. Precioso, desgarrador, místico y convulso.

La comadre que sostiene el puerperio sin estar limitándolo a unas horas contabilizadas, consultas determinadas, visitas estipuladas y tiempos cerrados. Entregándose a lo impredecible porqué desde su lugar, fuerte, consciente y seguro, sabe que puede, claro que puede. La comadre que entiende que sostener va desde evaluar toma tras toma para asegurar que esa Lactancia Materna esté plácidamente instaurada hasta tender un par de lavadoras. La que te cuenta que la OMS no recomienda usar antisépticos para el ombligo del bebé, te trae un tupper generoso de macarrones y te acerca el vaso de agua una y mil veces. La que te presta sus brazos, porqué sabe que los tuyos sólo pueden estar abrazando al bebé, te lee en voz alta a la Gutman y saca a pasear al perro. La que no confunde reflujo con vómito, la que te anota en un pósit el buscador de e-lactancia, la que escucha cómo te molesta que tu madre te diga lo que te dice. La que te presta fulares para que pruebes nudos, la que te manda un enlace sobre autorregulación y se lleva la basura cuando sale de tu casa. La comadre que cada día te hace saber que está ahí, que nunca te toca, si no quieres y jamás te suelta, si no puedes.

Y tu…¿Qué necesitas tu?

“Atsolorra”, el pacto de las madres

Rituales

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Rituales. Allá, lejos. Nos son tan ajenos que casi no podemos ya ni rastrear las huellas de nuestras antecesoras. Ocupamos nuestros cuerpos pero renunciamos a la impronta que, durante millones de años, los ha modelado. Tenemos derecho a más, nos corresponde. Venimos a quedarnos en esta vida, plena y no hay nada que se interponga entre nosotras, entre todas las “nosotras” que nos podamos imaginar y lo que nos pertenece. De lo que somos a lo que necesitamos, sin complejos.

Recuperando rituales de vida renovamos pactos en lo común que nos permiten algo tan poco espiritual, tan poco místico, como garantizar la supervivencia de la especie para seguir avanzando en el proceso evolutivo. Herencia y evolución, ni más, ni menos. En este espacio pretendemos redefinir la expresión concreta que esa estrategia humana adquiere en el “Atsolarra”, el rito vasco del nacimiento. Por dignidad como madres, por consciencia como mujeres. Y no será como fue, a nosotras nada nos remonta a esa herencia, pero será, en esencia, lo que significó en tiempos remotos: Una red de cuidados que gravitan entorno a la díada, madre-hij@, resituando la preservación de su bienestar, en el centro de las prioridades comunitarias y estableciendo dinámicas de cooperación de comadre a comadre.

Embarazos instalados en el miedo, partos vividos como ajenos y puerperios en el abandono se perpetúan normalizando la usurpación, sistemática, de nuestra sexualidad, como mujeres. Blindar el proceso de maternidad requiere prestarse a una deriva, hacia el interior de cada una, para sanar las miserias que arrastramos, las carencias y el dolor. Salvarguardar la maternidad implica, a su vez, otro viaje hacia el Mundo, hacia el exterior, para fundar esa Tribu que nos acompañe, nos proteja y nos sostenga hasta el final de nuestros días.

Tomar consciencia de la maternidad como proceso -a vivenciar desde lo más íntimo de una misma- y tejer, a su vez, esa red de complicidades y apoyo mútuo -a la que llamamos Tribu- es sacudirse el desamparo. Proteger la maternidad de agresiones externas. Preservarla. Y, así, permitir que afloren a la superfície esas sinergias que nos empujan a reconocer qué lugar necesita la criatura que llega a la Vida. Una vez cómodas en la nueva coyuntura, acompañar una crianza respetuosa con las necesidades y ritmos del bebé se vuelve inevitable. Y con la Tribu abrazándonos, el vínculo entre comadres nos cohesiona asegurando que apoyos y otros recursos estén siempre disponibles  para todas. Ya la Otra soy Yo. El maternaje compartido, el “atsolorra” contemporáneo, en el horizonte, cada vez más cerca.

Nos borraron las huellas, sí. Pero todavía podemos seguir rastros. Y en eso andamos.

Más sobre el modelo matrilineal vasco en http://www.euskonews.com/0642zbk/gaia64204es.html

“Blessing way”, el círculo de comadres.

Rituales

Son muchas las comunidades y culturas, antiguas y contemporáneas, que han dedicado rituales de paso para marcar la transición de mujer a madre, hacia el último trimestre de embarazo habitualmente, con la intención de acompañar a la nueva madre en su caminar por la senda de esa feminidad ancestral que nos honra y nos conecta con nuestra naturaleza cíclica, transitando por nuestras fases vitales: La primera menstruación o menarquía, el embarazo, la menopausia, la muerte.

La visión mercantilizada de nuestros cuerpos de mujer y la progresiva desnaturalización del maternaje -como forma universal de amor incondicional y como fuente de empoderamiento hacia lo que somos: Protagonistas y transmisoras de conocimiento, acompañamiento, cuidados y Vida- han borrado estos rituales y ceremonias de nuestra consciencia colectiva. Así, desprovistas de aquellos rituales de paso, hoy, intentamos sobrellevar ese vacío celebrando fiestas y “Baby shower” donde regalamos artículos de puericultura en vez de buenos deseos, donde la escucha activa ante los miedos, las dudas, la metamorfosis que supone la maternidad y las emociones latentes durante el transcurso del embarazo, se relativizan y banalizan hasta que callamos. Colmadas de regalos, pero sin Tribu. Solas.

Os queremos invitar a celebrar un “Blessing way” en este pequeño paraíso natural que es Basburua, en Nafarroa. Envueltas por la Naturaleza, abrazadas por hayas y sostenidas en todo momento por la seguridad de sentirnos acompañadas nos permitiremos abandonarnos a la deriva de esta experiencia, sanadora para una misma y sanadora para las demás. Sanadora, en definitiva, para el conjunto de seres vivos que convivimos en la Tierra.

Esta ceremonia de bienvenida a la maternidad que os proponemos la podríamos definir como una modalidad de Círculo de mujeres que se nos presenta como una oportunidad de modelarlo, con un matiz especial. Nos invita a tomar consciencia de nuestra esencia espiral y eso nos conecta a los ciclos de la Tierra y de la Luna, des del respeto íntimo a la Naturaleza, deteniéndonos en el parto como expresión salvaje de nuestra sexualidad femenina. Bendiciendo el camino hacia la maternidad, acompañadas de otras mujeres cercanas, en sus distintos momentos cíclicos, podemos sentirnos sostenidas, validadas, acompañadas, cuidadas y cómplices como criaturas sagradas, como mujeres. Y así, desde esa complicidad entre iguales y en equilibrio con la Naturaleza que nos nutre, seguir avanzando, más seguras y serenas hacia el lugar que queremos ocupar en el mundo. Ese lugar que ocuparon nuestras antecesoras, el que ocuparán nuestras predecesoras. Así, enzarzando conscientes pasado, presente y futuro. Descubriéndonos juntas, libres de sufrimiento, entregadas a la Vida, reconciliándonos con nuestros orígenes ancestrales para poder soltar todo aquello que nos anula y oprime para volver, por fin, a percibirnos sublimes y honrarnos como nos merecemos: Absolutamente libres, desacomplejadamente mamíferas, plenamente divinas.

La ceremonia empieza con una bienvenida, por la mañana, en un espacio preparado. Os recibiremos con un desayuno ecológico ovolacteovegetariano y casero en un espacio íntimo y confortable. Empezaremos a preparanos para el ritual. Para nosotras es vital que podáis participar de todos los últimos preparativos y, de ese modo, que lo adquirido por cada una sirva, a su vez, para organizar otros “Blessing way” en su entorno más cercano. Este es nuestro compromiso con la difusión de las experiencias regeneradoras…que se toquen, que se huelan, que se vean, que se saboreen. Por eso experimentaremos el Land Art como movimiento artístico, descubriendo las posibilidades creativas de un paseo en el bosque. Recogiendo, de forma colectiva como aquellas recolectoras que fuimos en el pasado, frutos, flores, plantas, piedras, ramas y todos aquellos materiales naturales, de valor estético y simbólico, que servirán para vestir nuestro Círculo de manera orgánica, espontánea, única e irrepetible.

Inmersas entonces en una atmósfera propicia, iniciaremos el ritual, tomando lugar en el Círculo y presentándonos haciendo deslizar el hilo rojo que nos enlaza, nos bendice y nos protege. Seguiremos con algunos trabajos de relajación para vivir así, sintonizadas con la pulsión del Círculo, una experiencia de liberación que nos permita desprendernos de todo aquello que nos retiene y nos pesa, que nos conduzca a conectarnos con nuestra esencia divina y seguir -ya reconciliadas, ligeras e inmensas- con los sucesivos momentos que integran esta ceremonia sagrada para bendecir el camino hacia la maternidad.

Pararemos para comer y nos reencontraremos para continuar, después de reposar un ratito, con el momento dedicado a honrar a la madre que llega para quedarse, como madre, hasta el final de su vida. Sus anhelos, sus angustias, sus ilusiones y sus miedos serán la única preocupación de las comadres presentes, tengamos hijos propios o no- y, en común, tejeremos esas complicidades que acompañen a la madre a quien honramos, a través del parto, hilando vínculos más allá del puerperio, en la sororidad de la Tribu. Compartiremos el ritual para la bendición de útero de Miranda Gray y colmaremos a la futura madre de buenos deseos, quemando las angustias cantándole a la Vida y homenajeándola en este Círculo a través de esencias, ejercicios inspirados en el Contact Improvisación (CI) adaptado a la fisiología del embarazo, mantras, trabajos artesanales…

Descansaremos, unos momentos, con una merienda ecológica y seguiremos con el ritual hasta que ya, al anochecer, os veremos partir para volver a reencontrarnos, seguro, en algún otro momento de nuestras vidas. Si fuera necesario, podremos compartir una rato para despejar dudas sobre aspectos del parto, el puerperio y la crianza con apego seguro o plantear reflexiones sobre cuestiones relativas a los mitos y prejuicios que envuelven la Lactancia Materna o el BLWalimentación autorregulada por el bebé-, hablar del colecho o cama familiar, practicar distintos nudos de porteo ergonómico con fular elástico, tejido y bandoleras o conocer las propiedades de determinadas hierbas, mezclas y preparaciones medicinales en relación al proceso de parto. Todo aquello que necesite cda Madre para llegar segura al parto, al puerperio y esos primeros estadios de la maternidad tan fantásticos, tan asombrosos, tan inesperados y reveladores.

Para participar en las actividades de este “Blessing way” deben cumplirse algunos requisitos como que la mujer embarazada, a quien nos disponemos a honrar, sea conocedora de lo que sus comadres queridas le han preparado. A todas nos encantan las sorpresas y no faltarán, pero por respeto al proceso de embarazo y a las necesidades de la mujer embarazada, preferimos celebrarlo con su conocimiento y aprobación absolutas. Sería fantástico que el grupo conste de un mínimo de unas ocho participantes y de un máximo de unas doce, siendo algo, siempre, flexible. Os pedimos que todas sean conocedoras de la experiencia que se disponen a compartir y que sean mujeres (cisgénero o transgénero) escogidas por la misma embarazada. Si preferís celebrar el “Blessing way” en otro lugar, podemos desplazarnos. Cuando nos necesitéis, allí estaremos.

Os esperamos comadres. Ikusi arte!